Reflexiones de un marica cabreado.
En mi familia somos 3 hermanos. Tengo un hermano mayor que me saca 5 años y un mellizo (somos completamente lo opuesto). Hace unos 11 años entendí que con estas condiciones se desarrollaba un clima muy competitivo entre la familia. Siempre me comparaba con mis hermanos, por notas, por habilidades deportivas, por todo. Así que si quería que me dejasen de minusvalorar, debería ponerme las pilas. Mi único objetivo pasó a ser a intentar ser mejor que mis hermanos. Fuese en lo que fuese. Siempre tenía que saberlo todo, hacer las mejores cosas, las mejores notas, las mejores metas en la vida.
Tengo que reconocer que no me esforcé mucho la verdad. Aún así, iba cumpliendo mi objetivo poco a poco. El primero logro fue superar en notas en la selectividad a mis hermanos. La siguiente, tener mejor media en la carrera que mis hermanos y haberme logrado sacar un erasmus con una media bastante alta. Lo que llegó después fue, entre mi hermano mellizo y yo, conseguir ser el primero en conseguir un trabajo relacionado con lo que había estudiado, y haber logrado progresar lo suficiente el primer año para que me nombraran project manager. Quizás no es mucho, pero en mi realidad sí, puesto que todo el rato, lo que hago se contrapone con lo que hacen mis hermanos, y por lo tanto, tengo que ponerlo en contexto con lo que ellos han hecho o logrado.
A todo esto, era consciente que esta batalla la estaba librando en mi cabeza. Pensándolo ahora desde una perspectiva distanciada en el tiempo, soy plenamente consciente de que ese nivel de competitividad me lo imponía yo de manera consciente. Esto se vió alimentado por algún comentario por parte de profesores o alguno de mis padres (¿podría explicarlo la teoría del etiquetaje de Ray C. Rist?). Pero soy consciente de que me exigí ser el mejor. Tomé de forma consciente esa decisión.
Reflexionando sobre lo que me llevó a tomar esta decisión, veo muy claro que un elemento crucial fuera mi orientación sexual. El hecho de que yo me identifique como gay, hace que sea consciente de, que si quiero que la gente pase de valorarme únicamente por esa condición, necesito logros que revaliden mi valía. Es muy triste pero esta es una dinámica bastante común. A la gente no cis o racializada se le exige más para poder reafirmarse. No es lo mismo en un entorno opresivo que exista un maricón con pocos estudios y analfabeto, que un maricón con estudios, matrículas de honor y una carrera profesional prometedora. En el caso de sufrir algún estigma social, la meritocracia ejerce mayor presión.
En mi caso, desde la eso era plenamente consciente de ello. Intentaba, mediante logros académicos o profesionales, ensombrecer el hecho de que fuera gay. Dejarlo en un segundo plano. Que sí, que hemos evolucionado lo bastante como sociedad como para que eso deje de ser el centro de atención. Pero por más que así se crea en algunas ocasiones, no es verdad. Por mucho que tengas la suerte de encontrare en un entorno seguro, por mucho que la gente de tu alrededor te diga una y otra vez que no pasa nada, eso es algo que concierne al individuo valorar para dar el paso de salir del armario. Recae en ti la tarea de valorar tu entorno si es seguro o no, y de superar esa barrera para poder aceptarte y vivir en paz tu existencia. Se nos llena la boca de decir que no pasa nada etc, que el entorno es seguro, que no importa... pero lo que realmente importa aquí es ese ejercicio que tiene que hacer uno mismo por aceptarse tal y como es y dejar de intentar ocultar el hecho de que es gay. Ok, ya está. Deja de intentar por todos los medios ser mejor que los demás, ya que a parte de dar una imagen de competitivo narcisista, lo único que haces es hacer daño a los demás y sobretodo, a ti mismo.
No hace falta decir que esta es una conversación que estoy teniendo conmigo mismo. Es algo en lo que tengo que trabajar, poco a poco, con las herramientas que tengo. No puedo pedirle a nadie que me haga este trabajo. Es algo que inevitablemente me llevará a un punto de inflexión vital en mi experiencia de vida. Será un trabajo que calará en mis valores y me hará evolucionar como persona. Quizás no sea consciente cuando pase, pero con el tiempo, seré capaz de verlo con perspectiva y valorarlo.
Bueno, y todo esto a qué viene. El tema es que he estado conociendo esos últimos meses a una persona (de hecho, tengo varias entradas hablando de ello). Esta mañana, no sé cómo, ha salido el tema de los logros que hemos conseguido en nuestra corta vida. Me ha comentado que él había conseguido, en los 26 años que tiene, publicar un libro, dos másters más el grado y que ahora era director de marketing de una editorial. En ese instante no he podido evitar compararme con él. ¿Qué he conseguido yo a los 23? acabar un grado, el erasmus, comprarme un coche (parece una tontería pero para mi comporta una inversión importante de dinero, y por tanto, lo valoro mucho) y trabajar en una empresa como project manager de lo mío (y ahora con el tema de la pandemia he podido mantener mi trabajo sin ERTE ni nada, trabajando desde casa). Soy consciente de que no puedo quejarme de nada. Sin embargo, mi cabeza ha empezado a compararse inevitablemente con sus logros. He sentido que mis logros no tenían valor, era inferiores a los suyos. Vamos, qué puede competir el haber publicado una novela con lo que he conseguido? nada.
Muchas veces, cuando estoy con él, noto como va quebrando mis barreras de narcisista competitivo. Se mueve por un mundo profesional y personal que yo siempre quise, pero que no conseguí. Me intimida el hecho de que él haya conseguido triunfar en el mundo que yo nunca pude.
Aún así, con esto estoy siendo muy reduccionista. No puedo echarlo todo a perder por el simple hecho de que haya publicado una novela. Y esto ahora va para mi mismo, para evitar tener estos pensamientos intrusivos. No puedes estar toda la vida comparándote con alguien. No puedes poner al mismo nivel tus logros con los suyos. No puedes apoyarte en el factor económico siempre que te sientas intimidado por alguien. Por que no es justo para nadie, ni para ti ni para él. Te hace daño y haces daño. Quieres dar una imagen medida al milímetro, pero a veces haces que eso se vea artificial. Los logros que has conseguido tiene valor por que se contraponen con tu situación. Y haciendo está valoración, están muy bien. Piensa que tienes 23 años y has conseguido todo esto. Hay gente que no puede disfrutar del privilegio de poder decir que ha encontrado un trabajo nada más salir de la carrera y que lo haya podido mantener con la crisis que se viene, sin reducción de jornada y salario. Así que pon en valor lo que has conseguido en función de tu situación y valóralo. Eres un privilegiado. Llora si quieres. Llorar está bien, nos permite desahogarnos y es necesario. Pero por en valor lo que has conseguido. Y no lo reduzcas todo a una sola cosa. Valóralo en contexto.
He conocido a una persona (de la manera más millenial posible): PARTE III
Después de esa tarde rara, emocionante (es qué no sé), le propuse quedar para comer el martes siguiente. Reservé mesa para dos en un restaurante que acaban de abrir cerca de nuestros respectivos trabajos. Y aunque el día estaba siendo un caos en la oficina (reuniones, avances de proyectos, mails inesperados...) no lograba dejar de pensar en la comida y en lo nervioso que estaba.
Salí tarde de una de una de las reuniones y cuando me di cuenta, ya era las dos y cuarto. Fui corriendo a mi mesa y dejé todo el papeleo (ya continuaría después) cogí la chaqueta y salí de la oficina. Al coger el móvil, vi que me había mandado un par de mensajes. Básicamente me comentaba que ya había salido de la oficina y que estaba yendo al restaurante. Aceleré el paso, esquivando a las personas para poder llegar en cuanto antes, ya que la mesa la había reservado yo. No me gustaría hacerlo esperar.
Al llegar, lo ví de pie enfrente de la entrada, mirando el móvil. Al verlo lo abracé, me salió de dentro. Aunque la verdad, me moría de ganas de comerle la boca, es algo que no tuve el valor de hacer. Me repetía una y otra vez que las cosas se hacen despacio, que no hay porque correr. Al entrar, nos sentaron en una mesa para dos al fondo. Estuvimos comentando temas de nuestros trabajos, que si el becario que había entrado nuevo era un incompetente, que si los clientes no se ebnteraban de lo que habían contratado, que si la gestión de compras y ventas era una porquería...
Cuando quisimos darnos cuenta, ya eran más de las 15h, así que nos levantamos, pagamos y salimos con cierta prisa. No podíamos llegar muy tarde a nuestro trabajo. Al llegar a mi oficina nos detuvimos. La verdad es que quería besarlo, pero me sentía cohibido. Ahí delante había un grupo de compañeros fumando y hablando antes de entrar de nuevo a reanudar el trabajo. No quería que ellos me vieran besándome con él. La verdad es que no he salido del armario aún ni ante familiares ni compañeros de trabajo. Así que me conformé dándole un abrazo. Al separarnos, vi que se seguía de pie mirándome. No pude resistir las ganas y me lancé. Sus labios tenían un sabor dulce y el beso parecía que se alargaba horas. Me daba igual todo.
La verdad es que yo también lo había pensado. Cuando se fue, no pude evitar la tentación de enviarle un mensaje proponiéndole vernos de nuevo (me había quedado con ganas de besarle). Esa misma tarde nos vimos al acabar la jornada.
Empezamos a hablar mucho, casi cada día, de tonterías, nuestras cosas y demás. Descubrí que era un lector acérrimo de literatura juvenil y un romántico empedernido. También me comentó que tampoco había salido del armario, solo con su madre. Siempre que hablaba no podía evitar perderme entre su voz, su cara, todo. Me siento muy estúpido a su lado. No lo sé.
A mediados de enero, en medio de una de estas conversaciones me comentó de quedar algún día para cenar algún viernes en su casa. Le dije que sí. Sin embargo, al comprobar mi agenda, me di cuenta de que tenía ocupado todos los viernes del mes, excepto el 24 de enero, aunque ese día, a las 21h de la noche cogía un AVE dirección Madrid para pasar una semana en casa de unos amigos. Aún así, le comenté que sí, que me encantaría cenar con él, aunque por desgracia, no me podría quedar mucho tiempo, ya que a las 21h tenía que estar en Sants.
La tarde del 24 me la pasé entera por Barcelona. Como había quedado con él a eso de las 18h, cuando saliera de trabajar, no me daba tiempo suficiente para volver a casa. Así que quedé con unos amigos para comer algo en algún restaurante de por la zona y aprovechar y ponernos al día de los cotilleos y desventuras de cada uno. Yo les había comentado algo de esta persona que estaba conociendo, pero la verdad, no había dado demasiados detalles de como evolucionaba, ni como me hacía sentir. Tenía la sensación de que todo se desarrollaba demasiado rápido. Hacía apenas dos meses que nos habíamos visto en persona, y 6 meses que nos conocíamos. No podía precipitarme... Tenía la sensación de que corría demasiado y que en cualquier momento, la cosa podía acabar mal. Me forzaba a mi mismo a ralentizar las cosas. Y a mi la verdad, no me gustaría perder esta bonita historia por ir demasiado rápido.
Ese mismo día, en la comida, les comenté a mis amigos que habíamos quedado para cenar en su casa.
- Te vas a acostar con él - comentaban.
La verdad es que esa idea no me la había planteado nunca. Ya he comentado que lo bueno suele cocinarse a fuego lento, así que en mi caso, cuando estas ideas empiezan a acecharme, me fuerzo a no pensar en ellas. Soy muy de que las cosas fluyan, no hay que forzarlas, o en su defecto, no hay que forzarlas demasiado. Les comenté que no, que yo no intentaría nada. Además, a las 21h tenía que estar en Sants para pillar el AVE.
A las 18h ya había dejado a mis amigos en la estación de Passeig de Gràcia y me dirigí a buscarlo a su trabajo. Cuando salió del portal del edificio, no pude evitar sonreír. Se acercó a mi y me besó. Al separarnos me comentó:
Subimos andando por Passeig de Sant Joan y cogimos el metro en Tetuán. Durante el camino, estuvimos hablando sobre el trabajo (para variar) y los últimos cotilleos que se habían visto por Twitter. No podía evitar en fijarme en su cara, en su sonrisa de despreocupación aunque de querer morirse (estaba agotado). Que mono es. Y qué interesante.
Al llegar a Sant Antoni pasamos por un súper y pillamos una bandeja de sushi variado. Pagué yo. Ya que me invitó a su casa, lo menos que podía hacer era invitarlo a sushi. Vivía en un bloque de pisos antiguos de Barcelona, de techos altos, ventanales de el suelo hasta el techo y puertas dobles de madera. Me invitó a pasar y fuimos directamente a su habitación. Por el camino nos encontramos con uno de sus compañeros de piso. Me lo presentó rápidamente, y le dedique una sonrisa formal, amable.
Al llegar a su habitación dejó las cosas en el escritorio. Era amplia y luminosa. Todos los muebles eran blancos y había una estantería justo delante de la puerta repleta de novelas y mangas. Me gustó.
Se abalanzó sobre mí. Noté sus labios húmedos contra los míos. Sus manos me rodearon la cintura y me dejé caer contra la cama. Estaba muy nervioso, era una persona que me gustaba mucho. Sin embargo, me dije para mi mismo que no valía la pena pensar y darle vueltas a las cosas. Así que dejé la mente en blanco y me dejé llevar por el momento. Notaba su cuerpo contra el mío. No había otro lugar en el mundo en el que quisiera estar en ese momento.
Al acabar nos tumbamos exhaustos, sudados, con la respiración agitada. Notaba que me había fundido con él, en solo uno. Lo abracé con todas mis fuerzas y coloqué mi cabeza contra su pecho. Por un momento, solo estábamos él y yo en el mundo...
Entonces, me sobresalté. Yo tenía que pillar un AVE a Madrid a las 21h. Me aparté un momento, y miré el reloj del móvil. Las 20:25. Se levantó de la cama y se vistió también, comentándome cómo tenía que hacer para poder llegar a Sants desde ahí en el menor tiempo posible. Al salir, seguir la calle hacia arriba y en la primera intersección encontraría a mi derecha la parada de metro de linea roja. A partir de ahí, tocaría jugar con el cambio de linea.
Noté como, mientras me cambiaba, me miraba con esa mirada tonta. Cogí mi mochila y salimos de la habitación.
De camino a la puerta, me di cuenta de que no habíamos cenado. La verdad es que no tenía hambre así que le dije que se comiera el sushi en honor a los dos. En mi caso, ya miraría de pillar algo en el AVE o una vez estuviera en Madrid. No cruzamos muchas más palabras. Al despedirnos, bajo el marco de la puerta, lo abracé por el cuello y le besé. Cerré los ojos. Qué feliz me hacía. Ese momento, ese lugar... Al separarnos me comentó que, o me daba prisa o llegaría tarde. Tenía razón. Así que le dije adiós, y me encaré hacia la parada de metro pendiente del reloj. Me quedaban 25 minutos para poder llegar al AVE.
Al llegar a Sants, me dirigí rápidamente al puesto de seguridad a la entrada del AVE. Miré el reloj y vi que mi AVE salía en 10 minutos. Mierda. Estaba sudando, notaba mi espalda húmeda.
Al pasar el control bajé directamente al andén, corriendo. Cuando logré localizar mi asiento, dejé la enorme mochila que llevaba conmigo en el portaequipajes encima de mi, y por fin me relajé. Tenía muchas cosas que procesar. Él, sus besos, su cuerpo...
A mi costado, en medio del pequeño pasillo, se alzaba una mujer de mediana edad, con la melena recogida y un papel arrugado en la mano. La miré unos segundos.
- No puede ser... este es mi asiento... - le dije.
Saqué el billete de la cartera y lo revisé un momento. Mierda. Me había equivocado de asiento. El mío estaba en el coche 4, no en el coche 8. Con la cara roja a punto de estallarme, me levanté y me disculpé. Cogí mi mochila y, esquivando a la multitud que estaba en el pasillo acomodando sus equipajes, me dirigí a mi asiento. Esta vez el mío.
Sudando, con la mochila en una mano y el billete en la otra, el móvil vibró. Me había mandado un mensaje.
- Que vaya bien el viaje a Madrid.
Suspiré. No pude evitar dibujar una risa tonta en mi cara.
Sin embargo, pensar en él hacía que tuviera una extraña sensación de vértigo. Notaba un nudo en el estómago que me subía por el esófago... la boca seca... Pensaba también en el hecho de que él fuera un chico. Nunca he salido de el armario en el entorno familiar, y es algo que aún tengo que enfrentarme y encarar, luchar conmigo mismo para aceptarlo. Sé que a mis padres no les importaría, quizás un poco de shock al principio. Pero es algo que tengo que trabajar yo, enfrentarme a ello. Tiempo al tiempo.
Me siento como si estuviera al borde de un precipicio. ¿Sabes la sensación de vértigo al rozar el límite con la suela de los zapatos? Me siento así. Sin embargo, no tengo miedo. La oscuridad del vacío que se abre bajo mis pies me abraza, llenándome de una paz arrolladora. Él es la incertidumbre, y yo quiero lanzarme de lleno...
Aún así, soy consiente que las cosas llevan su tiempo. Esto hace que en mi cabeza se libre una batalla continua entre la sensatez y el impulso. Hay que pensar las cosas antes de hacerlas. Y ya sabemos, que los mejores platos se cocinan a fuego lento...
He conocido a una persona (de la manera más millenial posible): PARTE II
Después de esa primera vez, cuando nos vimos, en el tren de vuelta a casa me di cuenta de que me gustaba. Estaba ilusionado. Era extraño para mi como un sentimiento había evolucionado a otro sin previo aviso. Quería conocerlo, ser su amigo, pero el cosquilleo en el estómago estaba, y no podía ignorarlo.
Después de esa vez, acordamos vernos una segunda. Un sábado, después de navidades. Sin cenas y compromisos familiares de por medio. Quería seguir hablando con él. Me transmitía una calma que no os podéis llegar a imaginar. Esas ganas de querer estar hablando siempre con alguien. En fin.
El viernes antes, recibí un mensaje de whatsapp. Era él. Me comentaba que si lo podíamos aplazar. Tenía una entrega del máster muy importante para el lunes siguiente y tenía que pasarse todo el fin de semana encerrado en su habitación redactando. Le contesté que bien, que no pasaba nada, lo entendía.
A ver, es normal, si estás estudiando un máster, trabajando 40h, es normal que a veces tengas que hacer balanza y pensar más en el trabajo. Yo también lo haría. Sin embargo, un sentimiento de dolor e inseguirdad nacía dentro de mí. Era perfectamente consciente de que eso era normal, que no pasaba nada, pero mi cuerpo se guiaba más por el instinto que por la razón y la lógica. ¿Y si me dejaba de hablar? ¿Y si empezaba a hacerme ghosting? las dudas de expandian como las llamas con la madera, y yo no era capaz de apaciguarlas. Soy un inseguro de mierda la verdad. Aún así, pensé friamente. Le comenté eso, que no pasaba nada y que ya encontraríamos otro día para vernos. Había tiempo.
Al lunes siguiente, me abrió de nuevo por whatsapp. Me comentó que ya había entregado el trabajo y que era libre, por fin. Estuvimos hablando un buen rato de temas banales, como si no quisieramos que se acabara nunca la conversación. De pronto me propuso quedar el jueves, después del trabajo, para ir a tomar algo. Le dijé que sí. Ambos trabajamos bastante cerca el uno del otro, y el jueves era un día perfecto para salir a tomar algo, ya que los viernes, al menos para mi, suelen ser días ligeros, no me importa quedarme hasta tarde un jueves.
Total, que llegó el jueves y al salir de trabajar fui a esperarle a la puerta de su oficina. Salío y nos encaminamos al centro, a un bar que me había comentado que no estaba mal. El cuerpo me pedía cervesa. Lo necesitava. No podía evitar perderme en sus ojos. Es que es tan mono...
Llegamos al bar y nos pedimos un par de cervezas. Nos sentamos y empezamos a hablar y despotricar de nuestros trabajos, que si mucho trabajo, que si falta de planificacion, que si la gente no se toma en serio su trabajo. Nos pasamos al menos dos horas así. Hacía rato que nos habíamos acabado las cervezas, y yo me esforzaba a sacar temas de conversación para que no nos quedaramos en un silencio tenso.
Notaba que el cada vez estaba más cerca de mi, podíamos cortar la tensión del ambiente con un cuchillo... Él se acercaba, me acariciaba la pierna, ponia su mano encima de mi rodilla... Lo notaba, sabía que iba a pasar de un momento a otro, pero era demasiado cobarde como para lanzarme. No quería ser rechazado ni nada de eso. Cuando no tuve más temas de los que hablar, de repente comentó:
- Oye... ¿Te puedo comer la boca?
- Por favor
Me faltó tiempo para pensarlo, cuando me dí cuenta nos estabamos besando. El ruido de mi alrrededor se tornó en un zumbido inedscifrable, solo estaba concentrado en sus labios. Gracias de verdad, por haberte lanzado. Agradezco ese gesto como ningún otro.
Empecé a pasar mis manos por su espalda. Notaba el sabor a menta de sus labios. No me lo podía creer. De verdad estaba pasando.
Pasaron unos minutos hasta que nos separamos y recobramos la compostura.
- Gracias - le espeté.
Seguimos hablando, y de vez en cuando caía otro beso. A eso de las 21h salimos del bar y nos despedimos. Había sido una tarde rara, nunca me había pasado nada así. De camino a casa en el tren, no pude ocultar mi cara de bobo feliz. Era jueves y al día siguiente tocaba volver a la oficina, pero una sensación rara de felicidad infinita me embriagaba de una manera colosal.
Harry Potter como medicina para el bloqueo creativo
Así que, me puse a ello. Cojí la tablet y empecé a buscar y curiosear respecto las nuevas novedades editoriales. No soy muy fan de leer en soporte electrónico, pero no podemos negar que es una forma rápida de obtener libros y poder leerlos cuando los necesitmos con urgencia. Esto era una urgencia.
Estuve una hora más o menos buscando por internet. Necesitaba algo rápido, no muy denso y que me relajara. Entonces buscaría algo de literatura juvenil, a poder ser del género romántico. Mi cabeza necesitaba algo rápido, que pudiera consumir sin darle muchas vueltas.
No funcionó. Me ponía leer, però sentía que lo hacía más por una obligación que no por gusto. Me estaba forzando a leer, por qué me lo había propuesto como meta u objetivo. No por que me saliera de mí. Volvíamos a la casilla de salida. Necesitaba algo que me relajara, pero algo de leer, algo que me fuera ligero, simple, que pudiera leer sin perder el hilo. Así que me fui a mis orígenes.
Se ha hablado siempre mucho de la saga Harry Potter y su impacto que tuvo en los hábitos lectores de las nuevas generaciones. Han corrido rios de tinta intentando explicar el fenómeno y tal. Creo que ya sabemos todos de lo que estamos hablando. El hecho es que yo he crecido con Harry Potter. En mi casa quién se leía los libros era mi madre (era MUY fan) y después nos contaba las historias. Cuando llegaron las adaptaciones cinematográficas, el hecho de ir al cine se conviertió casi en una tradición. Cada año que salía la nueva película, ibamos todos en familia, mis padres, mis hermanos y yo.
A pesar de que en casa se respiraba un ambiente potterhead muy fuerte, nunca me leí los libros. Mi madre nos explciaba a mi y a mis hermanos las historias y llegado el momento, íbamos al cine a ver las adaptaciones, era un ciclo. No me sentía llamado por ellas.
Un día se fue la luz de casa. Pasó una hora y seguía sin volver. Yo estaba en el ordenador, así que cuando se fue la luz, todo entretenimiento en soporte electrónico no me funcionaba. Por aquel entonces estávamos en 2009 y acababa de estrenarse Harry Potter y el misterio del príncipe. Ya en 2007 se cerró la saga con la publicación de Harry Potter y las Reliquias de la Muerte. Tenía curiosidad cómo se había gestado todo, es decir, como se había desarrollado la historia. Así que me fui a la biblioteca de casa y me empecé a leer Harry Potter y la piedra folosofal. Empecé y lo devoré esa misma tarde. En un interválo de una semana me había leído los tres primeros, hasta Harry Potter y el prisionero de Azkaban. Sin embargo, por X motivos lo dejé ahí. Entre el instituto y que llegó el día que fuimos a ver la de Harry Potter y el misterio del príncipe, me olvidé completamente de seguir la saga.
Ahora, unos cuántos años depues (por no decir muchos), creo que es conveniente recuperar recuperar el hilo y acabar lo que empecé. De momento, me he leído ya los tres primeros y voy por la mitad del cuarto.
La verdad está siendo como una terapia. La prosa, el relato, es tan ligero y a la vez atrapante que no me distraigo para nada. Ayer por ejemplo, me quedé hasta las 3h de la madrugada leyendo. La sensación de no poder dejar un libro a medias, sentir como te atrapa, caer en sus brazos, es maravillosa.
Espero de verdad, que esto sea el inicio de mi recuperación de este bloqueo lector y creativo que, tristemente, llevo arrastrando años.
Esperemos que funcione.
He conocido a una persona (de la manera más millenial posible)
Hace unos meses me empezó a seguir por twitter un chico. Me pareció majo, y leyendo sus tweets y RTs la verdad es que me sentí identificado con él. ¿Sabéis cuando podéis estar con alguien y hablar de todo sin tapujos, reiros de las miserias de cada uno y tal? Realmente me sentía así. No sé, pero algo en mi interior me decía que podría conectar con esa persona. Pero bueno, yo siendo como soy, lo máxio que hice fue darle follow back. Y ya.
Pasaron los días y me dio por buscarlo en otras redes sociales. Vi que era de la misma ciudad que yo, acababa de publicar un libro, y algunos de mis conocidos de RRSS también le seguían. Total, que empecé a seguirlo por Instagram. Y como si la historia se repitiese, me dió follow back. En ese punto no le presté atención a estas cosas. Es normal que, si alguien le pareces majo, te empiece a seguir también, creo.
A partir de aquí, la actividad en RRSS se empezó a intensificar. Le daba me gusta a tweets míos y viceversa, reaccionaba a las stories de instagram. Vamos, todo de la forma más millenial posible que os podáis imaginar.La verdad es que la actividad no pasaba de ahí. Vamos, una interacción bastante normal, sin conversaciones de por medio. Hasta que llegó el Salón del Manga 2019 de Barcelona.
La semana del Salón, yo subí una foto mia a Instagram disfrazado como Umbreon, lleno de colgantes de Pokémon y colgantes con el símbolo de la Corporación Umbrella, de Resident Evil. La veradad es que salía bastante gracioso, o raro, a partes iguales. Entonces me saltó una notificación. Me había escrito. Me preguntaba si iba a estar en el Salón del Manga, que él le había tocado trabajar allí, los 4 días. Le comenté que sí, y, bueno, que si eso nos podríamos ver. Me comentó que okey, que si veía a un Umbreon con cara de parguela (yo) lo iría a saludar.
En fin, llegó el día, pero finalmente y debido a la cantidad de gente, no nos pudimos ver. Es que había muchísima gente, y al final, por una cosa u otra, no podimos coincidir. A partir de aquí comentamos que teníamos que quedar un día para hacer una cerveza, lo teníamos pendiente.
El tiempo pasaba, y de vez en cuando hablábamos por RRSS, sobre si los trenes eran horribles, la lluvia que había inundado media ciudad, que trabajar hasta tarde era malísimo, etc.
Al final, llegó el sábado que habíamos quedado. Yo había bajado a la ciudad por la mañana y me iba a quedar todo el día, ya que era día de hacer algunas compras para navidad y pues, aprovechaba ya y me quedaba todo el día. Habíamos quedado a eso a de las 17h en una parada de metro. Cuando llegué, la verdad, es que mi aspecto era un poco lamentable. Llevaba todo el día caminando, cargando bolsas y la verdad, los metros a esas horas y encima en navidad, iban llenos a rabiar.
Salí de la parada, y lo ví llegar. Qué alto, pensé. Realmente pensándolo ahora en frío, esa fue mi primera impresión. No pensé nada más realmente. Nos saludamos y decidimos ir a un Starbucks a por un café. Lo necesitaba, la verdad. Llevaba desde las 8h de la mañana despierto y entre todo lo caminado por la mañana, las bolsas etc, solo quería dormir. Pero bueno, no iba a dejar que eso me parase.
Nos pasamos toda la tarde hasta casi las 21h de la noche hablando. De todo. Temas personales, relaciones, trabajo, dramas, la vida nos golpea, mamarracheo. Prácticamente de todo. La verdad, es que me quedé con las ganas de ir a algún bar a tomar unas cervezas de verdad y emborracharnos, pero él tenía una cena. Me acompañó hasta la estación de tren y nos despedimos. No acrodamos volvernos a ver. Supongo que entre mi cansacio y todo no surguió la pregunta. Lo acababa de conocer, ¿Qué esperabas?
Volviendo en el tren a casa, no paraba de pensar en lo majo que era. Era tan tierno, tan majo. Cómo hablaba, cómo se expresaba, los dramas, opiniones, alguna confidencia, lo interesante que era,... mierda, me estaba gustando. A decir verdad, no me había planteado que me gustaba hasta que hice balance de cómo había ido. Hostia, todo indicaba que me gustaba y lo que más me gustaría era ser su amigo. Seamos sinceros, quería una noche de mimos con él. Para qué engañarnos, sí, me gusta. Me parece mono, muy mono, y majísimo. Es que de verdad se merce todo lo bueno.
A ver, sí que es verdad que lo acabo de conocer y tal, debería ser más cauto. Pero también tengo mis momentos de debilidad. Y aunque me auto-engañe diciéndome a mi mismo que tiempo, y que no me gusta, no puedo evitar suspirar. ¿Qué me está pasando?
Bueno, la cosa es que hemos vuelto a quedar. Al final le hablé por whatsapp por que no aguantaba más (habían pasado tres días desde que quedamos, por lo tanto, desde la última conversación con él), quería hablar con él. Si suena todo muy a amor romántico de joder no puedo vivir sin él. Pero bueno, no a ese límite, pero sí que siento que es alguien a quién puedo llegar a querer, como amigo o como lo que sea.
La cosa es que seguimos hablando y hemos vuelto a quedar para enero, otro sábado. La verdad, es que por tema trabajo ni uno ni el otro tenemos mucho tiempo libre, pero bueno, ahí estamos.
Intento controlar mi entusiasmo para no crearme expectativas irreales y entonces pegarme la gran hostia (me pasó una vez y nunca más la verdad). Espero que esto no sea así. Me siento ingenuo e inseguro de mi mismo escribiendo estas cosas. Me siento vulnerable. Pero bueno, todo el mundo siente y no podemos negar sentimientos que al final, vamos a sentir igual. Seremos cautos, pero no silenciaremos y negaremos estas sensaciones. Veremos cómo se desarrollan los acontecimientos. Pero de momento eso, qué mono que es.
Mi lista de propósitos para 2020
Antes de nada, yo no soy muy creyente de estas cosas, de hacer listas de propósitos y tal, pero sí creo que ordenar las ideas hace que conseguir las metas que te propongas sea más fácil, o más ameno, ya que te obligas a ceñirte a unas pautas barra escaleta barra lista.
He divido el listado en dos partes. Los primeros 5 propósitos son a nivel personal, es decir, propósitos que he establecido para mi mismo, son pocas metas, pero algo importantes para mí, bien sea para estar satisfecho por no haber dejado nada sin hacer o por el hecho de cerrar cosas/etapas.
A continuación os dejo el listado:
1. Mantener un ritmo constante de publicación en el blog.
- Ya he me he propuesto este blog como ejercicio para el 2020, esto es algo indispensable, no puedo perder el ritmo de publicación. Es lo que me mantendrá cuerdo y ordenado todo el año.
2. Acabar de escribir lo que empezaste hace muchos años ya, pero que nunca acabaste.
- Esto es más por un tema de orgullo que otra cosa. Hace años, hice la escaleta para una historia larga que empecé a escribir pero nunca acabé. Creo que esta seria una buena historia para ser la primera que acabara. Todos los escritores tienen una primera vez, y creo que esta sería una buena primera vez.
3. Ahorrar. Más.
- Esto es algo estándar. Siempre es bueno porder contar con algo de más.
4. Leer una media de 2 libros al mes.
- Ya que otra de las temáticas que me gustaría tocar con el blog es retomar el tema de las reseñas de libros, esto es algo más que lógico. A inicios del año pasado me compré un kindle para poder leer cómodamente en el tren camino al trabajo, pero siento que no le estoy sacando todo el partido posible. Así que eso, tengo que leer una media de 2 libros al més. Es poco, así que espero poder conseguirlo también.
5. Acabar los videojuegos que has empezado.
- Este año me he comprado muchos juegos, para todas las consolas. PS3, Switch, Wii,... esto es también por orgullo, y debería acabar las cosas que empiezo. Así que estos son los indispensables que tendría que tener acabados para 2021. Son solo 8, no puede ser dificil.
- Kingdom Hearts I
- Kingdom Hearts II
- The Evil Within
- Pokémon Let's Go Eevee
- Pokémon Espada
- Outlast I
- El misterioso viaje de Layton. Katrielle y la conspiración de los millonarios.
- Super Mario Galaxy II
Como he comentado anteriormente, he establecido unos 3 propósitos a nivel laboral, para que mi carrera profesional no se quede estancada, o al menos, no tenga esta sensación. Ya os avanzo que esto está más enfocado a tema laboral que a otra cosa.
6. Buscar y conseguir otras oportunidades laborales en Madird u otras ciudades.
- Tienes que establecerte que cada dos meses, lanzar CVs para puestos en otras ciudades. Es algo que para tu CV puede ser bueno, el echo de estar trabajando ahora mismo en Barcelona, pero buscar más y mejores oprtunidades fuera. No puedes estancarte en un único puesto.
7. Decidir o buscar un master o posgrado que encaje en el enfoque que quieres darle a tu carrera profesional.
- Es triste, pero cuánto más formación en mi ámbito, junto con la experiencia propia de trabajo, hará que tenga más oportunidades laborales.
8. VIAJAR MÁS
- Sí, esto lo meto en laboral. No suelo ser una persona que viaje mucho, pero sí que es verdad que la idea me gusta, aunque lo que hago siempre es no planteármela. Conducir me relaja, y para este año había planeado un viaje por carretera con una amiga para cruzar pueblos rurales, estar una semana conduciendo y ver mundo. Me da igual dónde, si es por España o por el extranjero, pero quiero viajar. Paso de estar encerrado siempre en la oficina o en casa. Me gusta trabajar sí, pero también tengo que tomarme un tiempo para mí de desconexión. No puedo tener siempre la cabeza en el trabajo, o en cosas banales.
Y bueno, estos serían los 8 propósitos para el 2020. Esperemos poder cumplirlos todos. Tiempo al tiempo.
El primer propósito para 2020
Esto es el resultado de un propósito de año nuevo, abrir de nuevo un blog y dedicarme básicamente, (obligarme) a escribir en él para, de alguna manera, acabar con el bloqueo creativo que llevo arrastrando años.
El otro día, haciendo balance de cómo había ido el año, me di cuenta de que el 2019 ha sido un año neutro. Pero neutro, en el sentido de que las cosas malas y buenas se han llegado a un empate. Básicamente empecé el año hasta arriba de trabajo, deadlines casi imposibles y dando mi vida (literalmente) al trabajo.
En verano me diagnosticaron una enfermedad que me obligó a quedarme en la cama sin moverme un mes y medio. Sin embargo, en la segunda mitad del año, tuve la oportunidad de des-virtualizar a un montón de gente, amigos que por años solo habían sido de twitter, por fin pude verlos en persona, algo que, estrechó aún más nuestra amistad.
Lo mejor es que he tenido la oportunidad de conocer a gente muy interesante y maja, gente con la que realmente me siento identificado y podemos estar hablando horas y horas sin cansarnos. Con esto no quiero decir que mis amigos y amigas de toda la vida no valgan nada, sino que, llegué a un punto de mi vida en qué necesitaba salir un poco de mi zona de confort, lanzarme un poco a la aventura y conocer gente. Los amigos de siempre estarán allí, siempre y cuando uno cuide los lazos que nos une, pero necesitaba algo más. Y después del verano que había pasado, entre hospitales y analíticas y reposo total, creo que era el momento indicado de hacerlo. Siempre había tenido la inquietud, pero nunca me atrevía a dar el paso. En esta ocasión fue diferente, estaba harto de todo y necesitaba una desconexión de mi alrededor.
Y bueno, aquí estamos. A punto de acabar otro año, pero no la década (recordemos que la década acaba cuando iniciemos 2021). Tenía ya ganas de volver a la blogosfera.
Por allá de 2012 inicié un blog de reseñas que estuvo activo hasta más o menos 2015, cuando la universidad acabó con el poco tiempo que tenía para actualizarlo. Sin embargo, aunque cerré el blog, siempre seguí conectado por aquí y con el guisanillo de escribir, aunque por aquel entonces, entre TFG, erasmus, e intentar iniciar una carrera laboral, no me acababa de decidir a volver. Ahora, después de la enfermedad, de este año que ha sido un completo caos (ojo, eso no quiere decir que haya sido malo) y las personas que he tenido la oportunidad de conocer, es como que he recobrado esa fe, esas ganas en escribir que tenía. Hace unos días, no paraba de ver situaciones o cosas o yo qué sé, que estimulaban mis ganas de escribir. Era como si la vida me gritara que lo retomase.
Bueno, ahora ya con un grado universitario y con una carrera profesional despegando, he podido encontrar la paz que necesitaba. Vuelvo a escribir, a tener ideas, a ser creativo, y lanzarme a la aventura. No sabéis lo feliz que me hace esto.
Pero pero, ¿este blog de qué va? ¿qué temas vais a encontrar?
Realmente la respuesta a aquí sería un poco de todo. Básicamente quiero usar este blog para ayudar a ordenarme las ideas, reflexionar cuando lo necesite, hablar de las cosas que me gustan, retomar las reseñas de libros, tratar temas personales... básicamente sería como una terapia.
Sé que los expertos en SEO y blogs siempre comentan que lo mejor es empezar un blog con una idea clara de a dónde va a dónde se dirige. Pero yo quiero que este blog sea humano, cercano. Y no hay nada más humano que el desorden.
Y bueno, creo que me ha quedado un poco larga la introducción a todo esto, pero siempre viene bien un poco de historia para ubicar a los lectores.
A todo esto, nos leemos por aquí.